Los primeros diez clientes no llegaron por un anuncio. Llegaron por conversaciones.
Escribir a gente real, ofrecer ayuda concreta y aguantar el silencio incómodo de un mensaje sin responder. Funcionó más que cualquier campaña que pudiéramos pagar entonces.
La publicidad amplifica algo que ya funciona. No reemplaza el trabajo de que funcione.




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